Transformaciones y presiones en el valle de la cuenca binacional Catamayo-Chira

En los últimos años, Piura es una de las regiones que ha concentrado las miradas, sobre todo privadas, en materia de inversión agraria para la instalación de cultivos de caña y frutos de exportación. En consecuencia, sus valles experimentan una expansión agrícola que ha reverdecido sus típicos bosques secos. Sin embargo, este proceso está caracterizado por la adquisición de grandes extensiones de tierra, concentradas en pocas manos; un proceso que ha ido a la par con la parcelación de la tierra en la pequeña agricultura, haciéndose cada vez menos extensa por productor. Ello puede observarse en uno de los valles más importantes de dicha región y del país, el valle del Chira.  

El valle del Chira corresponde a la parte baja de la cuenca binacional Catamayo-Chira, uno de los escenarios de estudio de la investigación ‘Transboundary water security in the arid Americas’. La hidrografía de esta cuenca nos muestra que las aguas del río Chira, parte de ella represada en Poechos, nacen en las punas del Parque Nacional Podocarpus del Ecuador, al norte de la ciudad de Loja, donde el río se llama Catamayo. Solo el valle comprende un área total de 62 134,89 ha., de las cuales 58 820,96 ha se hallan bajo riego. Para ellas se destinan 937,49 Hm3 de agua anuales del Reservorio de Poechos, uno de los más grandes del país (Consejo de Recursos Hídricos Chira-Piura, 2015). 

 

Como sucede en los valles costeros del Perú, la organización para el manejo de agua de uso agrario está en función a sectores de riego; por ello, la operación y mantenimiento de los sistemas hidráulicos menores está a cargo de las Juntas de Usuarios, a través de las Comisiones de usuarios. En el valle, la Junta de Usuarios del Sector Hidráulico del Chira, reconocida desde 1973, está conformada por 7 Comisiones: Miguel Checa, Poechos Pelados, Margen Derecha, Margen Izquierda, Cieneguillo, El Arenal y Daniel Escobar. De estas, las comisiones más antiguas, que a su vez concentran un mayor número de usuarios y de extensión, son Miguel Checa y Margen Derecha.

 

Si bien en ambos lados político-administrativos de la cuenca la principal actividad económica es la agricultura, y consecuentemente la mayor demanda de agua proviene de ella, actualmente es el valle del Chira el que experimenta un proceso de expansión agrícola a un ritmo más intenso. Desde la década del 90 se impulsó la compra de tierras catalogadas como “eriazas” para su inserción en el sistema productivo agrícola, orientado a la agroindustria. De esta manera, el valle, que entre sus cultivos tradicionales mantiene el arroz (antes compartido con algodonales), hoy presenta grandes extensiones de cultivos de caña para la producción de biocombustibles, además de plantaciones de banano orgánico de exportación a cargo de asociaciones de productores, en algunos casos impulsados por organizaciones no gubernamentales, y uva de mesa a cargo de medianas y grandes empresas agrícolas. Sin embargo, estos cambios a nivel de valle presentan matices si tomamos unidades más pequeñas, como son los sectores de riego. Por ejemplo, en las comisiones de riego de menor extensión se observa con mayor intensidad esta transición de cultivos, como sucede en la comisión Daniel Escobar.    

Estas transiciones de cultivo implican también un cambio en las tecnologías para sostener una agricultura de mayor escala, sobre todo por tratarse de un proceso que tomó poco más de diez años. El uso de bombas de agua se ha incrementado en el valle para poder irrigar, ya que mientras la expansión avanzaba la infraestructura de riego permaneció igual. Además, en el portal de la “eficiencia” existe una progresiva transición hacia el riego tecnificado. Sumado a estos cambios, la Autoridad Nacional del Agua continúa el proceso de formalización de derechos de agua, emprendido en el año 2004, con el objetivo de brindar seguridad jurídica para el acceso al agua, aun cuando el tipo de derecho que hoy puede ser otorgado (denominado “permiso”) solo contempla periodos de superávit.

En medio del auge agroexportador y el ingreso económico que este ritmo de producción significa para la región, se mantiene el debate (y la gran preocupación) por la situación del reservorio Poechos. Puesto en operación desde 1976, Poechos, con una capacidad inicial de 1000 millones de metros cúbicos, hoy almacena menos del 50% de su capacidad debido a su estado crítico de colmatación. Entre las propuestas para enfrentar este problema, se hallan la construcción de reservorios satélites y, por otro lado, el levantamiento de la cresta; sin embargo, estas propuestas se ven descompensadas al no involucrar acciones frente a la deforestación en la parte alta de la cuenca, ni el fortalecimiento del diálogo con la parte Ecuatoriana para el logro de acuerdos concretos en este tema específico.

Sumado a las presiones sociales, políticas y económicas, la región Piura en su conjunto afronta cada cierto periodo fenómenos climáticos extremos, como el Fenómeno del Niño (FEN). En los periodos de ocurrencia, las lecciones aprendidas por los efectos del FEN previos parecían olvidadas; el riesgo sobre los asentamientos aledaños a los ríos, las inundaciones, la emergencia por enfermedades, el colapso de la infraestructura, la pérdida de cultivos y la desconexión intrarregional fueron cuadros repetitivos fenómeno tras fenómeno. Este año 2016 ante la predicción de un FEN extraordinario, se desarrollaron actividades de prevención en diversas regiones del país, pero aun así se observó que la pequeña agricultura, la agricultura familiar, sigue siendo vulnerable en un camino que emprende casi en solitario. 

  

Como si se tratara de un escenario paralelo, las proyecciones un tanto preocupantes sobre los recursos hídricos en la cuenca Chira parecen asumirse como débiles especulaciones. Los proyectos para instalar cultivos en tierras que conforman el característico bosque seco, se incrementan y se posicionan en el horizonte productivo de la región, todo ello en medio de la incertidumbre por las fuentes de aprovisionamiento y las restricciones dictadas para el otorgamiento de licencias y permisos de agua. Y mientras tanto, el ritmo de expansión no solo parece mantenerse, sino impulsarse desde otros sectores tanto públicos como privados.

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